Krishna me hizo entender que se puede ser feliz en esta vida

Entrevista con Krishna dasa
(José de Jesús Ariel Bañales Garnica)




Yo era católico y mi madre Testigo de Jehová

Mi padre era budista, mi madre Testigo de Jehová y mis abuelos católicos. A mi padre no lo conocí, nunca lo vi, vivió y murió en Nueva York. Mi abuelo fue una gran persona, lo puedo presumir, lo quise mucho y lo extraño mucho, fue como mi padre. Gracias a él estoy donde estoy. Mi madre también cubrió el papel paterno aparte del materno, pero se podría decir que mis abuelos fueron los que me educaron.
Mi mamá siempre tuvo conflictos con su familia porque no aceptaron que cambiara de religión y se hiciera Testigo de Jehová y también porque ella critica mucho a la gente. Con el que se llevaba peor era con un hermano suyo, siempre peleaban y él la golpeaba. Cuando yo tenía ocho años vi cómo la golpeaba y me sentí muy mal porque no pude hacer nada. Se me quedó muy grabado.
A los doce años de edad conviví con los Testigos de Jehová, porque mi mamá me llevaba a la Asamblea del Estricto. Yo hacía travesuras, pero después me enfadé y dejé de ir.
Tengo 29 años y desde hace mucho tiempo trabajo y estudio. Trabajé doce años en bares, restaurantes y cafés.
También fui empleado de una zapatería y como los dueños me inculcaron el catolicismo, hice mi primera comunión cuando tenía 20 años de edad. Me preparé e hice la primera comunión en el templo de Los Ángeles. Sentí muy bonito al recibir la hostia. Lo sentí porque al comulgar entra el espíritu de Jesús dentro de ti. Me gustó y seguí yendo a las actividades religiosas, porque además había una muchacha más grande que yo con la que me sentía muy a gusto. Fue un cambio, me sentía algo espiritual.

La época de juventud y confusión

Siempre me ha gustado la música, los conciertos y las fiestas. Duré seis años yendo con mis amigos a conciertos reggae y a los de psicodelic trance. Ya no voy, en caso de hacerlo iría con mis amigos para recordar viejos tiempos.
También me metí con mujeres. Por la urgencia de tener una mujer, le pagaba, pero es algo ficticio, no te está dando un amor real, le estás pagando para que esté contigo.
En un café en el que trabajé conocí a un amigo que tomaba mucho y a otro que no tomaba, pero fumaba tabaco y mucha marihuana. Yo también tomé y fumé marihuana. Duré así como dos meses, pero vi que no era lo mío. Una noche llegué a la casa borracho y marihuano y mi mamá se dio cuenta que algo pasaba y me preguntó, pero le dije que estaba bien y me subí a acostar. Me sentí muy mal, sabía que no era lo mío y me pregunté qué estaba haciendo yo con todo eso. No sabía a dónde iba, faltaba a la escuela, me iba con mis amigos al desmadre y me valía madre. No sabía lo que quería, estaba confundido.

Los encuentros con los devotos de la Conciencia de Krishna

Un día me encontré con devotos de la Conciencia de Krishna en un concierto musical. Me acerqué a ellos y les pregunté quiénes eran y qué hacían. Me regalaron un libro, pero nunca lo leí, por ignorante.
Otro día se subió al camión un devoto con su vestido hindú y su sikha (el mechón de cabello que dejan cuando afeitan su cabeza). Lo vi, me trajo recuerdos, pero no le pregunté nada.
Pasaron seis meses y en un paseo musical de la avenida Chapultepec me encontré con un devoto que andaba vestido normal. Al platicar le dije que conocía a varios del movimiento y me dijo que él ya me había visto anteriormente, que conocía al que me había dado el libro y que había visto cuando me lo dio. Me contó lo que significaba Krishna, el vegetarianismo y los principios de la Asociación para la Conciencia de Krishna. Me gustó lo que me platicó y me invitó el domingo a un festival, a bailar en el templo. Le dije que no tenía tiempo, porque tenía que hacer cosas de la escuela y el aseo de mi casa, porque yo llevo tiempo viviendo solo. Me pidió que fuera media hora.
Llegué a las seis y ya había empezado el baile. En cuanto llegué, me recibió el devoto que me había invitado. Yo me sentí muy a gusto bailando. Me sumergí tanto y quedé tan absorto que me olvidé de todo. Y después pensé: la felicidad está aquí y decidí entrar al movimiento.
A veces estamos tan cansados de la rutina del trabajo que ocupamos un momento de tranquilidad y paz para equilibrar nuestro ser y nuestro espíritu, para sentirnos más a gusto y motivarnos. Ese día me motivó y Krishna me dio a entender que sí se puede ser feliz en esta vida y superar los conflictos.

La vida espiritual es gradual e individual

No puedes entrar y comerte el pastel de una mordida. La vida espiritual es individual y gradual, como un reloj de arena que poco a poco se va llenando cuando lo volteas. Poco a poco vas entendiendo lo que quieres, conociendo tus herramientas con las que trabajas para buscar y encontrar la felicidad. Krishna es la felicidad.
En el movimiento para la Conciencia de Krishna, en la primera etapa, el bhakta (devoto) va siendo monitoreado para ver si realmente es sincero de corazón y, en la medida en que va mostrando interés, su maestro espiritual le va ayudando a conectarse con Krishna y a que se vaya purificando su alma. El alma, que es pura por naturaleza porque desciende de Dios, es como una barra de oro que cae en un charco de lodo y se ensucia totalmente. El bhakta es esa barra de oro y el bhakti (servicio devocional) es el que va quitando el lodo y las impurezas, para que se muestre el oro puro.
La siguiente etapa es la del segundo nacimiento y se te da un nombre espiritual. Llevas una yata (rosario) y estás más comprometido. Después puedes llegar a ser brhamana y estar en el altar sirviendo a las deidades.
Yo llevo ya nueve años en el movimiento para la Conciencia de Krishna y el año pasado me acaban de iniciar. Mi nombre espiritual es Krishna dasa.

Las etapas de mi crecimiento espiritual

Puedo distinguir tres etapas en mi crecimiento espiritual durante estos nueve años en los que he pertenecido al movimiento. La primera es la de la aceptación de mis errores y el desarrollo de la conciencia para hacer las cosas lo mejor posible. Somos seres humanos y no somos perfectos, tratamos de serlo.
Yo, para ser sincero, debo confesar que todavía tengo dos vicios: el café y el cigarro. El vicio del café viene por las condiciones en las que estudié la preparatoria. Para pagarme los estudios trabajé en un restaurante de comida rápida. A veces salía a la una, a las tres o incluso a las ocho de la mañana y para estar despierto en las clases tomaba café. En la Conciencia de Krishna no debemos tomar café ni fumar tabaco porque son estimulantes.
Por la estructura de mi cuerpo soy muy activo. Todavía me sigo desvelando con mis amigos de la universidad, pueden darme las dos de la mañana con ellos y me levanto muy temprano para ir al mercado de abastos y conseguir alimentos. Yo soy cocinero del restaurante vegetariano que tenemos aquí en Guadalajara.
Yo antes tenía conflictos con mis tíos, me enojaba con ellos y me sentía mal. Con mi desarrollo aquí he cambiado. Mis tíos me han dicho que les da gusto que esté con el movimiento Krishna porque me ven más tranquilo, con deseos de estudiar, ayudando a los demás y esforzándome por ser mejor cada día. Ahora entiendo que la conciencia es para hacer las cosas lo mejor posible.
Mi tío y mi mamá no se podían ver, pero ya se acabaron los golpes, se pidieron disculpas, hay respeto entre los dos y se comunican. Eso me hizo entender que hay que ser tolerantes y perdonar, porque Dios también es perdón. Y si uno perdona a las personas es porque realmente se está perdonando a sí mismo, porque acepta sus errores para mejorar como persona.
Dios te ayuda a crecer como persona, porque las sastras (santas escrituras), como el Bhagavad-Gita, son como un manual para armar la vida de acuerdo al orden que tiene. Te dan órdenes para la vida espiritual y la manera de llevarla. Te estructuran para que tu mente no se pierda y te apliques en la vida de manera coherente. Y cuando aplicas eso es cuando realmente llega la felicidad.
Mi segunda etapa fue la de ser más consciente y valorarme como persona. Dios (Krishna) es la causa de todo lo que existe y el objetivo del ser humano es la felicidad y la felicidad es Dios. Los seres humanos venimos a servir al Supremo.
Comprendí que las cosas suceden por algo. No hay casualidad sino dualidad generada por el tiempo. El tiempo es la línea que va desde donde estás hasta tu destino. Tarde o temprano te llega algo y eso que te llega no es casualidad.
Entendí que Dios está en todos lados y que yo soy parte de lo que me rodea y que por eso puedo llegar a fluir en cualquier cosa que haga.
Ese es el mayor cambio que he tenido por entrar al movimiento de la Conciencia de Krishna: puedo fluir mejor, hacer las cosas de mejor manera, ser más feliz.
Y voy por mi tercera etapa: busco la felicidad absoluta. El ser humano busca ser más y mejor. En las eras anteriores el ser humano se dedicaba a pedirle a Dios y nunca a darle, ahora hay que darle sin esperar nada a cambio. Pero, de todos modos, si te pones en la perspectiva de ayudar y servir sin esperar nada a cambio, Dios hace arreglos para que las cosas fluyan y sus devotos se satisfagan.

Quise ser bramacari pero me di cuenta que tenía que ser grhastha

En el movimiento de la Conciencia de Krishna hay bramacaris (monjes célibes, renunciantes) y grhasthas (devotos que viven en familia). Al principio duré dos años de renunciante (bramacari), pero mi corazón me dijo: "No, eso no es lo tuyo".
Si Dios es armonía, bienestar, tranquilidad, amor, hay que entrar en esa modalidad de El para ser más felices como humanos, para no olvidarnos en qué plataforma estamos.
Yo estoy buscando a mi pareja y tener pareja también es conciencia. Si este movimiento me da conciencia ¿Por qué no hacerlo con una persona? Ahora no tengo una pareja que llegue y me dé un abrazo, un beso y me diga: "Soy muy feliz con lo que haces", pero sé que entre tantos millones de personas hay una mujer que se va a fijar en mi como soy, por lo que hago y por el interés positivo que tengo en la vida.
Estoy en el tercer semestre de nutrición, en la universidad (este semestre no entré porque no tengo dinero). Estoy luchando por lo que más quiero: ser nutriólogo dedicado a la pediatría o al deporte y tener un restaurante.
Mi abuelo era español, de Segovia, y mi sueño es poner un restaurante en una playa española. Practico yoga y mi sueño es que mi hijo esté en las clases de yoga con los demás niños.
Yo creo que si no hubiera conocido a los devotos del movimiento de la Conciencia de Krishna mi vida no habría ido tan mal, porque tengo la educación de mis abuelos y de mi madre, pero creo que no estaría sirviendo a Dios totalmente. Los objetivos que tengo no los estaría canalizando bien, la Conciencia me sacó del río en el que me estaba ahogando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario