Descubrí que el Kriya Yoga era el sendero que había buscado toda mi vida

Entrevista con Vicente




La influencia de una católica de verdad

Mi camino espiritual empezó a través de mi madre, la única católica de verdad que he conocido, porque conjugaba el verbo amar en todos sus tiempos. A través de ella sentí como natural el contacto con Dios: primero de una manera relativamente obligada y después más consciente, conforme fui creciendo.
Ella era muy devota de la Virgen del Carmen y mitigaba muchas cosas de su vida personal a los pies de la Virgen. Fue una mujer que nunca se quejó de su relación con mi padre, aunque nosotros viéramos que tenía muchos motivos para hacerlo. Era hija de libaneses, muy de la idea de que "Dios lo puso en mi camino" y "hasta que la muerte nos separe".
Vivíamos en la ciudad de Puebla y estábamos totalmente involucrados en las actividades de la iglesia que estaba a tres cuadras de nuestra casa. Yo participé como acólito, repicaba las campanas y me sabía la misa en latín al derecho y al revés.
Mi hermana cuenta que en la familia se me catalogaba como el bonachón. Yo era muy sensible. Cuando íbamos al cine a ver una película de San Martín de Porres, por ejemplo, me ponía a llorar cuando veía ciertas escenas; y como no quería que me vieran llorar, me metía debajo del asiento y mi madre me preguntaba: "¿Qué estás haciendo?". Y le contestaba: "Es que se me cayó algo" y lo decía con sollozos.
Yo estuve muy apegado a mi madre. Ella tenía varices y yo era el masajista oficial. También le leía las cartas que le enviaba su madre desde Los Mochis y aquello era un mar de lágrimas. Todo se quedaba en aquel cuarto de servicio. Entre ella y yo había una complicidad muy especial, aunque yo no era el favorito sino mi hermano el que me sigue hacia arriba, porque es el que más se parecía a mi abuelo materno y era el exitoso, el guapo, el todo.
Cuando se enfermó de cáncer en la matriz, me tocó ver cómo se iba acabando. En una de las últimas visitas que le hice al hospital, le dije que se iba a poner bien, que debía tener fe porque la fe mueve montañas, y ella me tomó de la mano y me respondió: "Ojalá que esa fe mueva tus montañas". Y me encargó mucho a mis hermanos chicos (somos nueve, ocho hombres y una mujer; tres arriba de mí. A los cinco que me siguen los cuidé como le prometí).
Ella murió en 1968 en el D.F. No la vi en su féretro. Nos avisaron y sólo mis hermanos mayores fueron a Los Mochis a su entierro, yo me quedé en Puebla con mis hermanos chicos, contándoles historias fantásticas de dónde estaba nuestra madre.

Inicia la búsqueda de mi camino espiritual

Tenía 16 años cuando esto sucedió y cambió mi vida. Empecé a buscar en la Iglesia Católica lo que ella había encontrado, pero no pude hallarlo. Había demasiada ceremonia y se perdía lo individual de la búsqueda. Ahora me doy cuenta de lo importante que es el silencio, el aislamiento, el ayuno y muchas cosas que no practicaba y que no encontré en aquella época. Y qué curioso, ahora voy a la iglesia, sobre todo cuando no hay gente. Voy ahí porque es un lugar que está impregnado de devoción por todos los que van al templo. Para mí es muy fácil conectarme en la iglesia, sin los micrófonos y sin la multitud.
En 1970 me vine de Puebla a Guadalajara a estudiar arquitectura y a trabajar para pagar mi carrera.
Empecé a leer libros, el primero fue Sidharta de Hermann Hesse, me pegó durísimo y decidí hacer una búsqueda personal totalmente consciente. También leí la Biblia y El libro tibetano de los muertos, pero no encontré lo que andaba buscando.
El año de 1976 conocí a una persona que acababa de llegar de San Francisco, totalmente hippie, con un carisma muy especial, con muy buena voluntad y mucho amor. Viajé entonces a San Francisco, California, con la idea de conocer y experimentar.
La marihuana me hizo un efecto especial, "me ayudó", me ponía en un estado interno muy receptivo, muy espiritual (según mi conciencia de aquella época).
Conocí Haight Ashbury, el lugar donde se inició el famoso movimiento de los Power Children y todos mis valores de triunfo se vinieron abajo: tener éxito en los negocios, casa increíble, mujer hermosa, auto del año y mucho dinero en el banco. En San Francisco me di cuenta que con eso no se conseguía la felicidad.
Me encanta la música, soy musical, y através de la música he tenido experiencias espirituales muy hermosas. Me tocó estar en un festival de los Hare Krishnas donde estaba Swami Prabhupada, su fundador, y fue una experiencia muy hermosa, porque era un hombre realmente muy íntegro y su vibración era muy espiritual.
Conocí a Muktananda, me dio la bendición en Oakland, pero no era mi maestro. Me hizo sentir algo muy hermoso, pero no me sentí atraído hacia él. De hecho conocí a varios maestros que venían de la India, pero ninguno me atrajo.

La autobiografía de un yogui

La diferencia en mi búsqueda se dio en un concierto de rock, precisamente el primero de Pink Floyd en San Francisco ("El lado oscuro de la luna"), cuando unos amigos y yo estábamos un poco high porque habíamos fumado marihuana para el concierto. Un conocido que se dio cuenta cómo estaba yo, me puso enfrente un libro de Paramahansa Yogananda (Afirmaciones científicas para la curación). Lo tomé y leí en la primera página del prefacio que la palabra del hombre es el espíritu en el hombre; y eso me impactó de una manera impresionante. Conforme avanzaba el concierto veía a esta persona y parecía que andaba más high que nosotros, pero sin haber tomado nada. Eso también me impactó.
Al día siguiente este conocido decidió prestarnos, a su hermano y a mí, la Autobiografía de un yogui que es el libro por excelencia de Paramahansa Yogananda, un clásico ahora, incluso es libro de texto en varias facultades de filosofía en Estados Unidos. Yo lo leía por las tardes y el hermano por las mañanas. Cuando llegué a la mitad del libro, donde se explica qué es la ciencia de Kriya Yoga, se me abrió un panorama inimaginable, sentí que ese era el sendero que había estado buscando toda mi vida. Entonces averigué cómo podíamos obtener las enseñanzas del maestro. Me remitieron primero a Berkeley y luego a Richmond y ahí el hermano Achalananda me informó que en la ciudad de México estaba un monje que había sido discípulo directo en vida de Yogananda, el hermano Bimalananda.
Este descubrimiento cambió mis planes y en vez de irme a abrir un restaurante vegetariano en Guatemala, me estacioné en Guadalajara por un tiempo y me fui a la ciudad de México a conocer a este monje.
Me impactó mucho mi primer encuentro con él, porque después de la meditación, al despedirnos en la puerta, cuando le hice el pronam (que es una costumbre india: juntas tus manos e inclinas un poco tu cabeza frente a la otra persona; y eso significa: "Mi espíritu reverencía a tu espíritu"), me tomó de las manos y me llamó por mi nombre sin habernos presentado anteriormente.
Durante un buen tiempo aprovechamos cuanta oportunidad teníamos para estar con él en México. Estábamos todavía en el proceso de cambio.
Desde que llegamos a Guadalajara empezamos a recibir por correo las lecciones del maestro, como lo hacen los devotos de Yogananda en todo el mundo. En México y América Latina las lecciones se enviaban a través del DF, gracias a Yogacharia, la esposa de J.M. Cuarón, que fue el que tradujo al español las enseñanzas de Yogananda. Tuve el gusto de conocer a Yogacharia, una alma hermosa, muy elevada, que me inspiró muchísimo.

El cambio

Yo en lo particular no tuve ningún problema para cambiar muchas cosas. Cuando me di cuenta que lo que quería era esta disciplina, automáticamente me despedí de todo lo que había conocido en el pasado.
En el momento de mi cambio, en San Francisco, estaba en medio de la fiesta y se me ofrecía toda una gama de cosas que podía hacer y que no había hecho hasta entonces, porque había estado reprimido. El acercamiento a las mujeres siempre se había dado en función de noviazgo y no de la amistad con ellas. Me costaba mucho trabajo aproximarme a las mujeres si no era con esa finalidad. La situación había cambiado y pensé: puedo darle largas a mi camino espiritual y hasta el año siguiente le entro, porque está padrísima la fiesta y apenas está comenzando. Pero tomé una decisión muy seria, porque no podía seguir engañándome. Fue como llegar a la mitad del puente y voltear a ver todo lo que me había empujado hasta ese punto. Llegó un momento en que dije: hasta aquí llegaron, muchísimas gracias por toda su compañía, pero el siguiente tramo es solo, y es ser honesto conmigo mismo, cambiar mis hábitos, mis valores, tener humildad para aprender y dar los pasos sin detenerme ni voltear atrás. Pasar el puente, quemarlo y seguir. Eso fue lo que hice.
Dejé también la marihuana; y respecto a la bebida, nunca tomé realmente, en mi casa nunca tomamos. Es más, no sé lo que es una borrachera. El cambiar de canal no me costó ningún esfuerzo, ni siquiera en la cuestión de la dieta vegetariana.
Como ya te mencioné, vengo de una familia libanesa y los libaneses comen mucha carne de cordero cruda, molida con trigo, especies y aceite de oliva. Toda la vida la hemos comido y yo lo hice hasta que me concienticé y no me costó absolutamente nada dejarla, por ser parte de la disciplina que nos enseña el maestro y que tiene que ver con cuestiones físicas del organismo y no con un capricho.
Al principio yo y otros devotos eramos un poquito extremistas, porque no comíamos absolutamente nada que no fuera integral. Hicimos de la comida la religión y nos desbalanceamos.
Eramos una pequeña comunidad de cuatro o cinco devotos. Nos levantábamos a las cinco y media de la mañana a hacer los ejercicios. Meditábamos dos o tres horas por la mañana y mínimo dos horas por la tarde noche. En este desarrollar el músculo espiritual con un promedio mínimo de cuatro horas diarias de meditación tuve unas vivencias increíbles.
Tampoco fue problema llegar al punto en que, para que se me otorgara la técnica sagrada, tuve que jurar no divulgarla a los no comprometidos.
Inicialmente tenía el deseo de ser monje y de renunciar a todo y tuve la oportunidad de haber hecho una solicitud para irme de monje a un ashram, pero en su momento, por angas o por mangas, no lo hice. No sé si fue mi karma. Conocí a la que ahora es mi esposa, con la que llevo casado 26 años. No era devota, pero se convirtió después de tres o cuatro años, aunque no hizo su juramento con el Maestro sino muchos años después. Ahora tenemos una relación increíble basada en esto, sin que signifique juzgarnos el uno al otro desde aquí. Compartimos una misma enseñanza, sentimos que cada uno tiene su parte y que es hermoso compartirlo con el otro. Eso para mí ha sido un regalo.
Cuando estuve en la India en 1981 me sentí como en mi casa. Visité los lugares sagrados y me sentía parte del pueblo. Yo veía como otros occidentales sufrían al ver a un leproso, me refiero a que querían ver todo como Disneylandia y no era así. Yo, al revés, disfruté increíble ese viaje y me sentí parte de ese pueblo. A veces hasta quería pedirles que me hablaran en español, porque físicamente eran muy similares a los mexicanos.
Nosotros creemos en la reencarnación y seguramente en otra vida estuve en la India o tuve nexos de esa índole, porque para mí es muy natural.
A veces mucha gente siente que está traicionando los principios en los que creció, los de la Iglesia Católica. Mi abuela me decía: "Eres un yogadicto", y luego agregaba: "pero ¿crees en Dios?". Y le contestaba: yoga significa unión con Dios.
Aquí la gente, cuando dices yoga, se imaginan a las señoras haciendo Hata Yoga que es el control del prana, de la energía del cuerpo. Ahora la yoga ya se ha extendido más por todo el planeta. Hay muchísimo despertar en esta época; y es más notorio en la gente joven que es la que más se involucra en filosofías orientales.

Experiencias en la meditación

Te voy a describir sólo un poco las experiencias de meditación, porque dice el Maestro que cuando tienes experiencias de índole personal y las platicas es como llenar una cubeta y tirar el contenido al conversarlo.
Las meditaciones con este monje en la ciudad de México te hacían perder la noción del tiempo y del espacio. Pero puedo platicarte otras. Tuve la fortuna de asistir a varias satsangas que dio, en Los Angeles, Daya Mata, la presidenta de nuestra organización, la Self-Realization Fellowship. Tengo muy presente una en particular: eramos cuatro personas que regresabamos de Los Ángeles a San Francisco y nos despidió uno a uno. Cuando tocó mis manos, perdí la conciencia de mi personalidad, me olvidé de mi nombre y de todo. Elevó mi espíritu de una manera que nunca había sentido. O sea, me sentí transfigurado, transportado a otro nivel. Y los cuatro que nos fuimos de ahí, en todo el trayecto, que son más de seis horas, no hablamos una sola palabra. Estábamos en un estado de recojimiento increíble. Nunca me había pasado algo así.
También me sucedió que un día me desperté bruscamente, cuando vivía en la comunidad. Me empecé a cuestionar qué estaba haciendo yo en la cama si hacía un minuto estaba sentado meditando en mi rincón, sobre una tela hindú y delante de un pequeño altar. De alguna manera había estado meditando en estado de sueño, y tuve visiones con Daya Mata, sobre todo. He tenido muchas visiones con ella.
Yo nunca he experimentado el viaje astral que menciona mucha gente. Yo puedo entregarme como espíritu y fundirme con el todo. Con esa sensación de fusión y unidad regreso a este plano y me siento fortificado, con energía para seguir en este juego.
La sensación de estar unido con el Todo se expresa en un canto del Maestro que dice: "Siempre nuevo gozo, gozo, gozo". Eso es lo que siento, como si se me fuera a reventar el pecho con muchísimo amor que no puedo contener. Es una sensación que a veces puede transformarse en lágrimas, pero son lágrimas de gozo, de alegría. Son lágrimas que expresan el anhelo de mi alma de volver a su origen. Dice el Maestro que el Todo se volvió todos y ahora todos quieren volver a la unidad.

Un estilo de vida

Al principio, con la euforia de mis primeras experiencias, quería que todos supieran de estas enseñanzas, especialmente mi familia; quería decirles: "Por aquí es", pero me di cuenta que esa no era la manera, que es algo totalmente personal.
Ni con tus hijos puedes influir. Desde que eran pequeños los hicimos vegetarianos, fueron creciendo vegetarianos y ahora que están en la adolescencia ya toman sus decisiones. Dos de ellos nos acompañan en los servicios devocionales; la mayor, ya no.
El Kriya Yoga no solamente son técnicas espirituales de meditación, es una forma de vida: todos tus actos deben ir acompañados de una congruencia, si no te estás engañando a ti mismo.
Desde que te levantas haces tu rutina, tu sadana y al salir a la calle te puede suceder que en cinco minutos perdiste lo que habías ganado, porque estás expuesto, tienes hábitos y no has controlado muchísimas cosas o germinan en ti cosas que estaban esperando el momento propicio para ponerte una piedra en el camino. Todo eso constituye lo que son las pruebas famosas.
Dice el Maestro que a mayor sutileza en tu evolución, también del otro lado, la illusion, trata también de irte bloqueando. Y a veces te pinta el panorma muy padre, ves un oasis, pero cuando te mueves ya no está, era un espejismo. Es muy fácil caer en el engaño: "Entre más brille, más bonito" o "entre más ceros a la derecha tenga, es mejor"
Tienes que actuar de acuerdo a los principios que nos enseña el Maestro: "Vida simple, pensamiento elevado". El dice que le damos un trabajo impresionante a la mente cuando vivimos en el pasado o en el futuro. Yo siempre trato de no estar en niguno de esos dos estados. Claro que tengo que pensar en mañana y en algún compromiso, pero no sacrificando mi ahora.
El trabajo en el mundo externo es como un balance: no tiene sentido lo que hago ni la manera en que ocupo mi tiempo si no tengo un cimiento espiritual. Ganar dinero, tener fama, es algo que no me engancha. Si actúas sin cimiento espiritual te conviertes en una máquina. "It's for the sake of money" como dicen los gringos. Hacer las cosas por dinero o fama es algo efímero. Sabemos que tenemos un lapso de vida y si has tenido algún chispazo de lo espiritual, sabes que hay algo que te llena más que sacarte la lotería o ser nominado para un Oscar.
Una cosa que siempre me ha llenado es el servicio a los demás. Es algo indescriptible cuando realmente lo haces de una manera desinteresada, honesta y real.

Jesucristo y Krishna

Las enseñanzas que seguimos son Hindú-Crísticas. Es el cristianismo puro, como fue enseñado por Jesús, y el yoga puro, como fue enseñado por Bhagavan Krishna. Los dos vinieron para épocas distintas de la humanidad. A mí me impactó eso cuando leí las enseñanzas y eso me dio todavía más confianza, porque yo había crecido en la Iglesia Católica. Yo hasta que leí a Paramahansa Yogananda comprendí el Evangelio.
Hay un libro maravilloso de Yogananda que se llama La segunda venida de Cristo que es una interpretación del Nuevo Testamento. Es el yoga de las enseñanzas de Jesús.
A nosotros nos enseñaron en la Iglesia Católica que Jesús era Dios, pero nunca nos dijeron que la conciencia crística era inmanente a la creación, que está en ti, en mí y en todos. De lo que se trata es de que te hagas uno con esa conciencia crística.
Sri Yukteswar en La Ciencia Sagrada te enseña la conciencia crística que se manifestó en Jesús, pero también se ha manifestado en Krishna, Buda, San Francisco de Asis y todos los realizados.
Por eso en el altar de nuestro templo están Cristo y Krishna, porque los dos son los pilares de esta línea de gurús.

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